Cuando era niña..
Desde que era pequeña el arte en mi casa estaba en todas partes. Mi madre experta en manualidades y en resolver todo de forma creativa me fue inculcando el valor de crear y de hacer las cosas de manera espontánea. Cuando pasábamos temporadas vacacionales con mis primos y toda mi familia, siempre había una actividad que involucra el poder artístico y la creación de algo, lo que fuera pero que nos entretuviera.
Gracias a esos momentos y a toda la enseñanza continua de mi padre por las letras y por la apreciación artística, me enamoré no sólo de las manualidades sino del acto profundo de crear.
Nunca olvidaré, el día en que mi tio Carlos, en un cumpleaños, que tendría quizá 12 o 13 años, me regaló una caja con varias libretas, entre ellas había un diario. A partir de ese momento no dejé de escribir,me tomé muy enserio eso de narrar mi día a día y aunque al principio eran anécdotas familiares o escolares, poco a poco las palabras fueron adquiriendo mayor fuerza. Hoy conservo unas 25 libretas que guardan mi vida por completo, claro que algunas libretas son más densas, otras más relajadas, otras más poéticas y otras que preferiría dejar en el baúl.
Desde que iba en la primaria siempre elegí los talleres que tuvieran que ver con algo creativo: de cerámica, repujado o pintura. Me encantaba pasar tiempo en esos salones. Debo confesar que en muchos momentos me sentía frustrada porque yo sentía y sabía que no tenía el don natural de crear que otros sí tienen y pues yo tenía que esforzarme más. Casi siempre pensaba en dejarlo y mejor hacer otra cosa. Pero el arte tiene algo magnético en mi, siempre regresaba y poco a poco le perdí el miedo y si me tenía que esforzar más pues lo hacía o intentaba con otra técnica.
Fueron pasando los años y las clases se fueron evaporando. Es triste ver cómo el sistema educativo limita la expresión artística conforme crecemos. Priorizan la física o las matemáticas, olvidando que el arte es el momento más íntimo y necesario para el desenvolvimiento personal. Que terrible fue darme cuenta de que a nadie le importaba lo que los estudiantes sintiéramos, lo que realmente era “importante” era sacar buenas calificaciones y cumplir con el mandato escolar. Así que bueno, yo seguí mi camino sola, tratando de acercarme al arte de distintas formas y así fue como terminé estudiando una carrera creativa, donde, a veces, tampoco se le daba el valor que merecía al proceso creativo.
Mi explosión creativa definitiva llegó al reencontrarme con Ramón Castillo Soriano. Un artista nato, con el “don”. Me quedé fascinada al ver cómo en lo digital hacía maravillas y con lo análogo ni se diga. Él ha sido hasta hora mi gran brote de inspiración, mi aliado, mi cómplice y mi guía en muchos sentidos. Llevamos 11 años juntos haciendo varios proyectos entre ellos fundamos Bambolina, un departamento de arte para niños, y no tan niños que nos ha llevado a construir mundos que antes no sabíamos que podrían existir. Hoy es nuestro laboratorio de creatividad.
La vida, las circunstancias y lo que fui construyendo como docente me llevó a formarme como Arteterapeuta. Los cambios repentinos de la vida me enseñaron que el arte no es un pasatiempo: es el medio perfecto para calmar la ansiedad, liberar el estrés y enfrentar miedos. Estoy completamente convencida que el arte nos ayuda a expresar lo que por momentos nos impide el lenguaje. Es un catalizador de mundos y de perspectivas, es el medio perfecto para conectar contigo, entenderte y escuchar tu voz interior.
Estoy tan feliz y agradecida con el arte porque me ha impulsado a recorrer caminos increíbles y distintos que yo no imaginaba que existían y que ahora son parte de mi crecimiento personal y profesional.
Hoy, mi misión es seguir sembrando estas semillas de arte en mi hija, mis sobrinas, sobrinos y en cada persona que me rodea, para que todos tengamos la oportunidad de vivir una vida más plena, consciente y claro más feliz.
¿Cuál fue ese primer contacto que tuviste con el arte? Me encantaría leerte en los comentarios".